Guillermo Fernández-Díez

Madrid, 1966

En 1984 Guillermo cursa Arquitectura, pero abandona al percatarse de su incapacidad para aprobar una sola asignatura que no fuera Análisis de Formas, donde sí saca una matricula de honor, con gran desconcierto del profesorado. A continuación, estudia Derecho en Madrid, licenciándose brillantemente en 1990, si bien, afortunadamente, nunca ejerció como abogado.

En 1996 y hasta 2001 inicia estudios de Arte en la academia madrileña, El Estudio, dirigido por Francisco Soto Mesa. A partir de este momento, compagina su formación en artes con trabajos diversos, como vendedor de material quirúrgico o marchante de pintores costumbristas rusos que localizaba en sus viajes allí.

En el año 2000, decide dedicarse por completo a la Pintura y desde entonces ha realizado exposiciones individuales en Madrid, Barcelona, La Coruña etc. Cabe destacar su participación en ferias internacionales en países como: China, Singapur, Corea, Francia, Bélgica y Estados Unidos, países estos últimos donde ha residido temporadas.

Después de varios años dedicado a una larga serie de pinturas abstractas, en blanco y negro, el artista en busca de su mundo más personal, se ha concentrado en el dibujo figurativo y el collage. En estos trabajos, de pequeño y mediano formato, se manifiesta su virtuosa capacidad para el dibujo y su enorme y peculiarísimo imaginario, plagado de personajes e ideas fantásticas que os presentamos.

En estos mundos raros y sugerentes lleva sumergido cinco años.

De su obra Gabriel Pérez-Juana ha dicho: "Guillermo es un inmenso catálogo de fauna incontrolada. Sus personajes hipnotizan, son sonámbulos, rechazan acompañamientos y edulcorantes. La soledad con los que se presentan les confieren magnetismo, la mirada no se reparte, sino que está centrada en la criatura. El blanco o el negro en el que deambulan consigue agigantar su extrañeza. La cosa está en que te peguen la bofetada. Son personajes frontales, que no quieren saber nada de filigranas añadidas...

Su habilidad es la de sacar a la luz personajes sin clasificar, únicos y por eso, tan solitarios, tan demandantes de compasión. Estos personajes estimulan la ternura y el silencio.

Y el propio Guillermo sentencia: "Hay personajes que aterrizan de mundos remotos y visitan mi estudio. Las leyes nuestras no son las suyas. Tampoco la moral, lo cotidiano, sus olores, hábitos, su lenguaje o su biología. Creo que no son ni buenos, ni malos, ni pretenden nada. No se si aman o lloran, si son altos o astutos o qué dicen, cómo sienten… sólo me visitan, yo les retrato como puedo…y se marchan por donde han venido.....

El artsita en plena faena en su estudio madrileño.